Que, si que si, que voy hablar de lo de ser comunitario en Europa, pero antes, y teniendo en cuenta la fecha que es (bueno, en realidad que fué ayer), quiero antes hacer hincapié en algo. ¿Cuántas cadenas de televisión dedicaron ayer algún minuto de su programación a hablar sobre el ataque a las Torres Gemelas? Es más, ¿cuánto tiempo dedicaron a ello? ¿Cuántas recordaron otro 11S tan doloroso o más y bastante más reprobable moralmente como fue el del aniversario del golpe militar en Chile? Hasta donde yo comprobé solo una: TeleK.
No me voy a extender más sobre ésto, paso de hacerles el caldo gordo. Recomiendo encarecidamente a quien no haya tenido oportunidad de verla que se siente un rato a ver la película-documental que se estrenó un tiempo después. 11 realizadores de distintos países, culturas, y religiones crean 11 cortos con el 11S de fondo. 11 visiones distintas que tal vez todos deberíamos ver para que no se nos olvide que existen muchos más países y muchos más millones de personas que los que habitan Estados Unidos. Lo siento por las pérdidas humanas, pero no más que las que se pierden por su intervención directa (de ellos). El título por si alguien no la conoce es 11'09''01.
Y ahora, voy a contar una jaimitada de esas a las que nos tienen acostumbrados a los ciudadanos de a pie, y que hace que me cuestione otra vez, si es que nos toman por tarados mentales.
Hace unos meses mi chico perdió su cartera (bueno, en realidad se la robaron). Todos sabemos lo mal que sienta, no tanto por el dinero sino por el fastidio que supone tener que hacer los papeles de toda la documentación, teléfonos, tarjetas, etc, que llevamos encima. Cuando le ocurrió en otra ocasión, alguien tuvo la deferencia de poner la cartera en el correo y cuando llegamos de vacaciones, estaba en el buzón. Por cierto, para los que no me conocéis, mi chico es irlandés. O sea europeo y además comunitario.
Bien, pues anulamos todas las tarjetas, nos vamos a la comisaría, ponemos la denuncia, empezamos con los bancos y todo el choclo (todo molestias, pero sin más), pero ay amigo, cuando llegamos al capítulo institucional, las cosas se complican un poquito más.
Cuento ésto, por si alguien todavía se cree eso de que la Unión Europea es estupenda y nos facilita la vida. Hace años que está empadronado en España, y cuando se transladó a mi casa y ya tenía domicilio fijo, decidió hacerse el DNI para extranjeros, ya que algo tan simple como abrirse una cuenta en determinados bancos, le exigía eso, un DNI (no solo valía con el pasaporte), o un permiso de trabajo (carajo, que en la Unión hay libre circulación de personas comunitarias....).
Cuando pedimos todos los papeles y los requisitos, me informaron de que no tenía que hacerselo (es más, insinuaron que no se lo darían) ya que al ser comunitario no era necesario. Sugirieron explicar por escrito las razones por las que lo solicitaba. Explicamos lo coñazo que es tener que llevar un pasaporte (tamaño pasaporte, claro) en el bolsillo del pantalón si vas al supermercado, por ejemplo para poder pagar con tarjeta y la imposibilidad de abrirse una cuenta bancaria (que yo flipo, a los chinos, con mis respetos, cero pegas) y el que en algunas empresas insistan en esa documentación aunque sea irlandés para poder trabajar con ellos. Además del riesgo que supone perderlo, y como es la administración la que te obliga a estar documentado en todo momento, porque si no te multa....... Total, que se lo dieron. Meses y varias colas después, fuimos a recogerlo. Todo bien, mucho más cómodo, se olvida del pasaporte, y guay. Aunque siempre hemos mantenido la costumbre de utilizar su pasaporte para los billetes de avión (para que veais lo que nos fiamos).
Pasa un tiempo, le roban de nuevo, y llamo al Ministerio del Interior para saber si tenemos que empezar de nuevo el proceso, ir a pasar una semana al raso haciendo cola, etc, etc.
"No, no, siendo comunitario es mucho más sencillo; tiene que llamar para pedir cita en la oficina de la Plaza del Campillo Nuevo (la plaza de los cromos del Rastro, vaya)". Llamo, me dan cita para dos meses y medio después, me explican los papeles que tenemos que llevar... y mientras, se dedica a ir indocumentado, porque pasa (y lo entiendo) de ir con el pasaporte encima (si lo pierde, le cuesta una pasta renovarlo, y no me refiero ni a 30 ni a 50€).
El día D a la hora H, allí que nos presentamos con todas las cositas que nos habían pedido; la amable chica que nos atiende lo comprueba todo, y cuando termina de escribir datos en el ordenador, suspira, nos mira y nos dice: "bueno, a ver, ahora os cuento". "Dios -pensé yo- a ver qué pasa ahora". "Hay una nueva normativa de la UE, por la cuál ya no se tramitan más tarjetas físicas". "Eh? ¿Cómo?" digo yo con los ojos como una bonita perca. "Psssssssi; eso; lo que oís". "A ver, a ver.....¿qué significa exactamente que no se tramitan más tarjetas físicas?". Martin me mira con cara de empezar a desesperarse porque no termina de entender la conversación, y los que le conocéis, sabéis que cuando se desespera.... se desespera. "Pues si, que para agilizar los trámites, la UE ha decidido suprimir la tarjeta física; ahora os voy a dr un papelito oficial, que tendrá que llevar siempre con él, como si fuera la tarjeta". "¿UN PAPELITO?". "Si, un papelito- continúa ella- lo que ocurre es que el papelito, certifica que James Martin Livingstone, tiene este determinado nº de NIE, pero no acredita EN NINGUN MOMENTO que él sea James Martin Livingstone". Yo con una cara mirando a la chica, que Martin no hacía más que darme en el brazo y pedirme que le explicar exactamente cuál era el problema. Yo que me voy poniendo nerviosa, porque sé lo que viene a continuación (la explicación a Martin) y me estoy calentando con la "agilización del trámite". Yo que me quedo sin palabras, y la chica que me dice "por lo tanto, SIEMPRE tendrá que llevar con él el pasaporte y el papelito" (por cierto, el papelito es tamaño folio). Claro, la pregunta a la chica, es evidente: "¿pero qué coño me estás contando?". Así, tal cuál se lo solté. "Lo sé, es una estupidez", me respondió, "pero es que yo no puedo hacer otra cosa". "Vale, lo entiendo, tú no puedes hacer otra cosa, pero ¿cuál es la razón de este cambio?". Y aquí viene lo bueno. "La agilización del trámite", me repitió. "Vamos ver", empecé a decir, muy despacio, muy bajito, y con ganas de liarme a patadas con la mesa, "agilizar los trámites, es que en el momento en que pones la denuncia, te vas con el papelito a casa desde la comisaría, para evitar que tengas que llevar tu pasaporte encima, y te gestionen allí mismo todo lo necesario, en el acto, solo para darte un día y una hora en la que recoger tu tarjeta; ESO ES AGILIZAR LOS TRAMITES" (y reconozco que eso lo dije en un tono un poquito borde y bastante más alto). Y allí la pobre, que tenía cara de haber pasado por la experiencia 500 veces, me dijo, "ya, tienes razón... pero es lo que hay. Si paga con la tarjeta, tendrá que llevar las dos cosas".
No voy a entar en detalles sobre mi discusión con Martin después del numerito, pero fué un espectáculo (como si yo tuviera la culpa).
Supongo que dentro de un tiempo, algún cabeza pensante dirá "hemos decidido hacer tarjetas físicas para evitar riesgos con los pasaportes y para facilitar la vida al ciudadano; en el ánimo de las instituciones, está el hacerlo todo más sencillo y agradable". Y volverán a hacer lo más lógico del mundo: reducir la documentación a una tarjeta tamaño cartera, en lugar de un papel que terminará inevitablemente ajado, acompañado del pasaporte. Y lo peor, es que será un arma electoral y el fulanito de turno se colgará una medalla.
Y por cierto, la "mejor sanidad de Europa", como dice peranzaguirreolacoleradedior, aún no ha enviado la tarjeta sanitaria de mi chico desde hace MESES. Seguimos con "el otro" papelito.
Al que me hable de lo bien que funciona la administración... es que le muerdo el alma.
jueves 11 de septiembre de 2008
lunes 8 de septiembre de 2008
La vuelta al cole y los buenos propósitos
Madre mía, el tiempo que hace que no me paseo por aquí....
Han pasado mucho tiempo y muchas cosas. Unas mejores que otras, pero me quedo con mi semana de vacaciones, mi decisión de apuntarme a yoga, ver a quien hacía mucho que no veía y haber redecorado mi vida. Lo demás es perfectamente obviable (a veces menos cansado fisicamente pero mucho más agotador mentalmente).
Vamos a ver cómo se va solucionando todo.
De momento, he pintado en naranja cañero y verde telefónica a ver si se me pega algo más de energía (aunque tal vez debería estar frenando, no sé...). Y me he apuntado a yoga, supongo que para compensar. Tengo mucho autocontrol, pero hay situaciones que desbordan a cualquiera, así que oir a un tipo con la voz megacalmada diciéndote cómo tienes que estirar los músculos, es muuuuy aconsejable.
Me he pegado tal paliza los últimos meses, que no he notado el aterrizaje postvacacional. Bueno, que si, que tengo un pinzamiento, pero ese ya le tenía antes de pillarme las vacaciones, se agravó con la pintura-montajedemuebles-limpieza-colocacióndeenseresvarios y se remató durmiendo en el suelo del aeropuerto y la semanita sin mi almohada.
Pero tengo que decir que:
a) la casa me ha quedado monísima
b) que por fin estoy haciendo ejercicio físico sin ir a un gimnasio
c) que Paris, sigue siendo Paris, con sus paseos, sus catacumbas y sus cementerios
He vuelto de vacaciones con las baterías a media carga, con un par de latas vacías, un cuadro un poco esquizo que no puedo colgar porque no me cabe, y la sensación de haber necesitado un par de días más para perderme por Belleville y Barbés. Y para haber pillado algún kilillo más a base de queso con vino (si, aqui los hay tan buenos, e incluso mejores, pero allí tienen tal variedad que podrías pasar casi dos años comiendo un tipo de queso distinto cada día sin repetir... vamos, el paraiso del Ratón Pérez).
En fin, no me he enterado de casi nada durante los meses de julio y agosto (del accidente de avión, me enteré de milagro, justo el día de antes de volar yo) y lo que va de septiembre lo he repartido entre mi pinzamiento, la vuelta al cole y comer con la familia. Y saber de los amigos (de unos mejores noticias de otros). Así que espero, confío y deseo pero no prometo, que los hados me sean favorables, y mi situación laboral y personal me permitan escribir más. No me gusta quedar mal, pero los que me conocéis sabéis las cosas que me pasan y lo difícil que es a veces sacar tiempo para escribir.
César, Liber, que sé que me buscáis y no me encontráis, que he vuelto. Ana, (si, tú, la del Alfil), tía, dame un teléfono o un mail, que me hubiera gustado hablar contigo antes de tu despedida. Mayte, "macusín" sigue vigilando noche y día junto al río.
Si nada lo remedia, la próxima vez hablaré aquí de lo "estupendo" que es ser residente comunitario en Europa.
Han pasado mucho tiempo y muchas cosas. Unas mejores que otras, pero me quedo con mi semana de vacaciones, mi decisión de apuntarme a yoga, ver a quien hacía mucho que no veía y haber redecorado mi vida. Lo demás es perfectamente obviable (a veces menos cansado fisicamente pero mucho más agotador mentalmente).
Vamos a ver cómo se va solucionando todo.
De momento, he pintado en naranja cañero y verde telefónica a ver si se me pega algo más de energía (aunque tal vez debería estar frenando, no sé...). Y me he apuntado a yoga, supongo que para compensar. Tengo mucho autocontrol, pero hay situaciones que desbordan a cualquiera, así que oir a un tipo con la voz megacalmada diciéndote cómo tienes que estirar los músculos, es muuuuy aconsejable.
Me he pegado tal paliza los últimos meses, que no he notado el aterrizaje postvacacional. Bueno, que si, que tengo un pinzamiento, pero ese ya le tenía antes de pillarme las vacaciones, se agravó con la pintura-montajedemuebles-limpieza-colocacióndeenseresvarios y se remató durmiendo en el suelo del aeropuerto y la semanita sin mi almohada.
Pero tengo que decir que:
a) la casa me ha quedado monísima
b) que por fin estoy haciendo ejercicio físico sin ir a un gimnasio
c) que Paris, sigue siendo Paris, con sus paseos, sus catacumbas y sus cementerios
He vuelto de vacaciones con las baterías a media carga, con un par de latas vacías, un cuadro un poco esquizo que no puedo colgar porque no me cabe, y la sensación de haber necesitado un par de días más para perderme por Belleville y Barbés. Y para haber pillado algún kilillo más a base de queso con vino (si, aqui los hay tan buenos, e incluso mejores, pero allí tienen tal variedad que podrías pasar casi dos años comiendo un tipo de queso distinto cada día sin repetir... vamos, el paraiso del Ratón Pérez).
En fin, no me he enterado de casi nada durante los meses de julio y agosto (del accidente de avión, me enteré de milagro, justo el día de antes de volar yo) y lo que va de septiembre lo he repartido entre mi pinzamiento, la vuelta al cole y comer con la familia. Y saber de los amigos (de unos mejores noticias de otros). Así que espero, confío y deseo pero no prometo, que los hados me sean favorables, y mi situación laboral y personal me permitan escribir más. No me gusta quedar mal, pero los que me conocéis sabéis las cosas que me pasan y lo difícil que es a veces sacar tiempo para escribir.
César, Liber, que sé que me buscáis y no me encontráis, que he vuelto. Ana, (si, tú, la del Alfil), tía, dame un teléfono o un mail, que me hubiera gustado hablar contigo antes de tu despedida. Mayte, "macusín" sigue vigilando noche y día junto al río.
Si nada lo remedia, la próxima vez hablaré aquí de lo "estupendo" que es ser residente comunitario en Europa.
lunes 28 de abril de 2008
De mitos, imaginarios comunes y Peter Punk
La semana pasada no me he paseado por aquí, es verdad. Ha sido un poco complicada a todos los niveles y además he estado muy ocupada. Y he tenido un revival adolescente de esos que de vez en cuando hay que tener para no olvidarte de quién eres y por qué eres como eres.
Voy a hacer una reflexión un poco contradictoria: no me gustan los nacionalismos porque creo que solo sirven para la confrontación. Y además, lo creo. La historia del ser humano se basa en la dominación del terreno y su defensa frente al enemigo. Todo ello por supuesto completamente vinculado al egoísmo. Como animales más o menos racionales que somos, tenemos instintos de conservación al igual que el resto de los animales. La mayoría marcan territorio con sustancias odoríferas, y nosotros nos empeñamos en hacerlo a base de trapos de colores y de muros de diversa índole. Sin embargo, lo que en el reino animal es fundamental para la conservación de la especie, en el caso de los humanos termina por ser justo lo contrario: la aniquilación de la "especie". Y lo entrecomillo porque es una de esas palabras que no me gusta mucho utilizar en lo concerniente a género humano.
Nunca he tenido en especial estima la tesis roussoniana de atribuir al hombre la bondad por naturaleza; nuestro egoísmo nos lo impide (traspasó el instinto de conservación hace tiempo).
No creo que seamos tan buenos; pero si creo que una reflexión profunda nos puede conducir a tener los horizontes más amplios. Y por supuesto a respetar las decisiones de un grupo de personas que se agrupen de una u otra manera, siempre que esas decisiones no afecten negativamente, en sus derechos fundamentales a "los otros". Y repito, derechos fundamentales, que son comunes a todos y cada uno de los que formamos parte del planeta.
Toda esta introducción, viene a cuento de la contradicción de la que hablaba al principio. Si bien las fronteras y los límites no me gustan, reconozco que nos son útiles para organizarnos. Y de nuevo, algo que debería facilitarnos la vida, se transforma en un arma que desgraciadamente no se limita a ser dialéctica. A mi me gusta hablar más de raices. Esas de las que todos los pueblos presumen e insisten en anteponer al sentido común. Todos las tenemos, pero no estoy segura de que las utilicemos bien. Tal vez sería mejor dejarlas para lo que nos une en lugar de para lo que nos separa.
Raiz es origen; y deberíamos buscar no solo en el terruño, sino en el imaginario común. Ese imaginario es distinto para cada uno, pero que nos vincula con gentes, gestos y tiempos pasados. En muchos casos ese imaginario es familiar, en otros es territorial, y en otros muchos, es generacional. Y ése es el que he revivido yo estos últimos días.
Entre otros eventos esta semana, el jueves escuché en directo por primera vez a José Menese. Como aficcionada al flamenco, es de los pocos grandes vivos que me quedaban por ver. El es una leyenda al que prefiero escuchar antes en su cante que en sus palabras. Pero es grande. Y esa noche, recordé por primera vez en mucho tiempo, que uno de los primeros trabajos mios que vi en la calle, fué un cartel que preparé para él hace ya una pila de años. Cuando terminó el concierto y me tomaba una cerveza con Tomás (él me animó a adentrarme en esos mundos jondos) y Germán (el dueño del mítico Clamores Jazz Club), les comentaba eso, que uno de mis primeros trabajos fué un poster anunciando un concierto para éste hombre. Y mi sorpresa, fué escuchar a Germán decirme, "¿uno azul y amarillo?", "si", contesté yo, y riéndose, me dijo que aún conservaba un par de ellos en la oficina de la sala. Flipante. Eso te alimenta el ego.
Pero, mi verdadera regresión a la adolescencia tuvo lugar el sábado. Por un lado, volví a ver al grupo que supuso mi estreno en esto de los conciertos de rock. Por otro, porque ese viaje al pasado, fué en compañía de una de las personas que mejor me conoce en este mundo. Entonces él y yo no nos conocíamos. Cuando terminé 8º de EGB, creo que tenía 14 años. O 13, no lo recuerdo muy bien. Aquel verano antes de empezar el instituto (bueno, en mi caso colegio de monjas, a ver si no aprendía cosa malas, y me metían en vereda) (como si hubiera sido tan mala....), fue tal vez el último que recuerdo de las fiestas de mi barrio como tal. Y digo como tal, porque aún entonces, la cosa era variada y los vecinos se implicaban. Ese espíritu se fué diluyendo, hasta el punto de desaparecer por completo de mi vida. Ahora ni se me ocurre bajar al "recinto ferial" (me parto, recinto ferial le llaman...). El caso, es que la vida da muchas vueltas. Allí estaba yo un domingo (que era el día del concierto de rock), con mi amiga Marta. Las dos como dos pardillas, un poco desbordadas por la cantidad de melenas y vaqueros elásticos a nuestro alrededor, para ver a Sangre Azul. Eso me costó después un castigo (mentí para poder ir), que asumí solo por ver a esos 5 chavalotes en el escenario. Como decía antes, la vida da muchas vueltas; años después he terminado trabajando para el que era productor de estos chicos. Y el sábado, pude de nuevo verles sobre un escenario. Y no solo a ellos. También a los autores e intérpretes de la primera canción que grabé en mi vida: Hermes Calabria y José Luis Campuzano "Sherpa". O lo que es lo mismo, la mitad de Barón Rojo. Esa casette que por supuesto no se oye (está rayadísima) la conservo en mi caja de tesoros.
No me considero nada mitómana. He tenido la oportunidad de conocer y sacarme fotos con mucha gente conocida, pero solo lo hice este fin de semana. Porque esta gente me hizo pensar en mis raices. Ha sido la primera vez que me ha hecho tanta ilusión poder hacerme una foto con alguien, para conservarla, y ver que he crecido, pero no me he maleado. Y digo esto de crecer y malear, ya que sin duda, esos años después de aquel primer concierto, fueron una lucha constante entre lo que era y lo que los demás querían que fuese. Y gané la guerra. Perdí batallas, eso es cierto, pero puedo decir orgullosa que gané esa guerra. Esa. Otras las perdí.
Misael, que ha sido quien estuvo conmigo y que no sé si leerá ésto algún día, sabrá hacerlo entre líneas. Nos conocemos lo suficiente. Hemos pasado muchas cosas juntos, a veces muy buenas, y otras no tanto. Pero seguimos estamos ahí los dos, al otro lado de la línea, sea la hora que sea. Y somos raices el uno del otro. Hemos crecido juntos con muchos miedos e inseguridades, con síndromes de Peter Punk, con cervezas, conciertos memorables, y conversaciones a destiempo. Pero que ambos queremos y cuidamos.
Esas son las raices que deberíamos fomentar todos, las que nos hacen mirar atrás con una sonrisa en la boca. Aunque sea con un poquito de nostalgia.
Voy a hacer una reflexión un poco contradictoria: no me gustan los nacionalismos porque creo que solo sirven para la confrontación. Y además, lo creo. La historia del ser humano se basa en la dominación del terreno y su defensa frente al enemigo. Todo ello por supuesto completamente vinculado al egoísmo. Como animales más o menos racionales que somos, tenemos instintos de conservación al igual que el resto de los animales. La mayoría marcan territorio con sustancias odoríferas, y nosotros nos empeñamos en hacerlo a base de trapos de colores y de muros de diversa índole. Sin embargo, lo que en el reino animal es fundamental para la conservación de la especie, en el caso de los humanos termina por ser justo lo contrario: la aniquilación de la "especie". Y lo entrecomillo porque es una de esas palabras que no me gusta mucho utilizar en lo concerniente a género humano.
Nunca he tenido en especial estima la tesis roussoniana de atribuir al hombre la bondad por naturaleza; nuestro egoísmo nos lo impide (traspasó el instinto de conservación hace tiempo).
No creo que seamos tan buenos; pero si creo que una reflexión profunda nos puede conducir a tener los horizontes más amplios. Y por supuesto a respetar las decisiones de un grupo de personas que se agrupen de una u otra manera, siempre que esas decisiones no afecten negativamente, en sus derechos fundamentales a "los otros". Y repito, derechos fundamentales, que son comunes a todos y cada uno de los que formamos parte del planeta.
Toda esta introducción, viene a cuento de la contradicción de la que hablaba al principio. Si bien las fronteras y los límites no me gustan, reconozco que nos son útiles para organizarnos. Y de nuevo, algo que debería facilitarnos la vida, se transforma en un arma que desgraciadamente no se limita a ser dialéctica. A mi me gusta hablar más de raices. Esas de las que todos los pueblos presumen e insisten en anteponer al sentido común. Todos las tenemos, pero no estoy segura de que las utilicemos bien. Tal vez sería mejor dejarlas para lo que nos une en lugar de para lo que nos separa.
Raiz es origen; y deberíamos buscar no solo en el terruño, sino en el imaginario común. Ese imaginario es distinto para cada uno, pero que nos vincula con gentes, gestos y tiempos pasados. En muchos casos ese imaginario es familiar, en otros es territorial, y en otros muchos, es generacional. Y ése es el que he revivido yo estos últimos días.
Entre otros eventos esta semana, el jueves escuché en directo por primera vez a José Menese. Como aficcionada al flamenco, es de los pocos grandes vivos que me quedaban por ver. El es una leyenda al que prefiero escuchar antes en su cante que en sus palabras. Pero es grande. Y esa noche, recordé por primera vez en mucho tiempo, que uno de los primeros trabajos mios que vi en la calle, fué un cartel que preparé para él hace ya una pila de años. Cuando terminó el concierto y me tomaba una cerveza con Tomás (él me animó a adentrarme en esos mundos jondos) y Germán (el dueño del mítico Clamores Jazz Club), les comentaba eso, que uno de mis primeros trabajos fué un poster anunciando un concierto para éste hombre. Y mi sorpresa, fué escuchar a Germán decirme, "¿uno azul y amarillo?", "si", contesté yo, y riéndose, me dijo que aún conservaba un par de ellos en la oficina de la sala. Flipante. Eso te alimenta el ego.
Pero, mi verdadera regresión a la adolescencia tuvo lugar el sábado. Por un lado, volví a ver al grupo que supuso mi estreno en esto de los conciertos de rock. Por otro, porque ese viaje al pasado, fué en compañía de una de las personas que mejor me conoce en este mundo. Entonces él y yo no nos conocíamos. Cuando terminé 8º de EGB, creo que tenía 14 años. O 13, no lo recuerdo muy bien. Aquel verano antes de empezar el instituto (bueno, en mi caso colegio de monjas, a ver si no aprendía cosa malas, y me metían en vereda) (como si hubiera sido tan mala....), fue tal vez el último que recuerdo de las fiestas de mi barrio como tal. Y digo como tal, porque aún entonces, la cosa era variada y los vecinos se implicaban. Ese espíritu se fué diluyendo, hasta el punto de desaparecer por completo de mi vida. Ahora ni se me ocurre bajar al "recinto ferial" (me parto, recinto ferial le llaman...). El caso, es que la vida da muchas vueltas. Allí estaba yo un domingo (que era el día del concierto de rock), con mi amiga Marta. Las dos como dos pardillas, un poco desbordadas por la cantidad de melenas y vaqueros elásticos a nuestro alrededor, para ver a Sangre Azul. Eso me costó después un castigo (mentí para poder ir), que asumí solo por ver a esos 5 chavalotes en el escenario. Como decía antes, la vida da muchas vueltas; años después he terminado trabajando para el que era productor de estos chicos. Y el sábado, pude de nuevo verles sobre un escenario. Y no solo a ellos. También a los autores e intérpretes de la primera canción que grabé en mi vida: Hermes Calabria y José Luis Campuzano "Sherpa". O lo que es lo mismo, la mitad de Barón Rojo. Esa casette que por supuesto no se oye (está rayadísima) la conservo en mi caja de tesoros.
No me considero nada mitómana. He tenido la oportunidad de conocer y sacarme fotos con mucha gente conocida, pero solo lo hice este fin de semana. Porque esta gente me hizo pensar en mis raices. Ha sido la primera vez que me ha hecho tanta ilusión poder hacerme una foto con alguien, para conservarla, y ver que he crecido, pero no me he maleado. Y digo esto de crecer y malear, ya que sin duda, esos años después de aquel primer concierto, fueron una lucha constante entre lo que era y lo que los demás querían que fuese. Y gané la guerra. Perdí batallas, eso es cierto, pero puedo decir orgullosa que gané esa guerra. Esa. Otras las perdí.
Misael, que ha sido quien estuvo conmigo y que no sé si leerá ésto algún día, sabrá hacerlo entre líneas. Nos conocemos lo suficiente. Hemos pasado muchas cosas juntos, a veces muy buenas, y otras no tanto. Pero seguimos estamos ahí los dos, al otro lado de la línea, sea la hora que sea. Y somos raices el uno del otro. Hemos crecido juntos con muchos miedos e inseguridades, con síndromes de Peter Punk, con cervezas, conciertos memorables, y conversaciones a destiempo. Pero que ambos queremos y cuidamos.
Esas son las raices que deberíamos fomentar todos, las que nos hacen mirar atrás con una sonrisa en la boca. Aunque sea con un poquito de nostalgia.
lunes 14 de abril de 2008
Joder con la semanita....
Bueno, pues parece que iba a ser relativamente tranquila, pero no se si ha terminado bien o mal. Tal vez las dos cosas. A viernes por la noche era un desastre: ¿cuántos muertos hemos tenido entre accidentes laborales, tráfico y terrorismo doméstico?. Seguimos a la cola del primer mundo en seguridad laboral y eso se ve en las estadísticas de muertes evitables. Madrugas, aceptas con resignación (y dando las gracias) la cruz de gastar tu día enriqueciendo a otro y encima vas, y te mueres. Coges tu coche para salir de tu entorno urbano y respirar aire puro, un idiota con menos luces que una liebre de quince días, se te planta delante, choca contigo, y tu vas y te mueres. Decides cortar tu relación con tu pareja por múltiples razones, él no lo acepta, tú denuncias, la justicia pasa de tí ampliamente, él se planta delante de tí.... y va y te mata.
Me sorprende que a estas alturas de partido a la gente le preocupe más el terrorismo de ETA que el terrorismo doméstico. ¿De verdad es menos preocupante que vayamos a muerta por semana a que muera un militante de un partido político? Debe ser por mi condición de mujer que me espanta; y no es ni mucho menos por restarle importancia a la muerte de nadie, al contrario, es por dársela a quien una vez pasado su entierro, pasa a engrosar la lista de anónimas que han muerto por rebelarse a su condición de "objeto propiedad" de un hombre.
Nos queda un largo camino por delante. Yo no sé si la ley es o no suficiente, pero lo sea o no, lo que está claro es que no se cumple. Las penas no solo deberían ser más duras, sino que deberían cumplirse integramente. No tengo claro en absoluto que aquellos que ejercen la violencia de género y cometen delitos contra la libertad sexual de otr@s individuos sean capaces de reintegrarse. Me cuesta creerlo a tenor de lo que vemos cada día en la prensa.
No sé de quién tiene que ser el esfuerzo, pero me temo que lo es de la administración. Exigirle a una mujer amenazada que denuncie es muy fácil si no se está en esa situación, pero debe ser muy complicado que te convenzan cuando el paso siguiente en muchos casos, es que la ayuda llega tarde, mal y a veces nunca por mucho que te desgañites en una comisaría.
Si a eso le sumamos mi (comparado con todo ésto, pueril) dolor de cabeza ayer durante todo el día (y no, no fue resaca).... pues el balance no ha sido tremendamente positivo.
Pero tengo que destacar dos cosas: nos hemos juntado casi todos los hermanos después de bastante (para los que no me conocéis, una de ellos vive fuera de España, y el otro viaja más que Don Pimpón), y el sábado por la tarde, Tomás (Tomás es un coleguita) inauguró nuestros "Fines de Semana de Autor", con gran éxito de crítica y público. Eres un cabrón, nos lo has puesto muy difícil.... fue una búsqueda del tesoro en el Retiro muy divertida. Todos nos lo pasamos muy bien. Ah, también tengo que añadir a la parte positiva, las magdalenas caseras que preparé el viernes. Estaban cojonudas.
Por otro lado, me hubiera gustado ir ayer a la conmemoración del 14 de abril en Rivas, pero me levanté fatal. Debo tener una tonelada de mocos al fondo de la nariz que me despresurizan (o presurizan, no lo tengo claro) los oídos y que me hacen sentir como si estuviera en la estratosfera constantemente; creo que mis mocos primaverales este año han decidido quedarse tranquilitos dentro de mi calavera. Pero yo les pido encarecidamente que salgan. Que prefiero tener complejo de grifo mal cerrado que dolores de cabeza estúpidos.
Así que nada, que feliz 14 de abril. Tal vez dentro de no mucho, destituiremos la figura de rey. Estaría bien. Va siendo hora de acabar con anacronismos sociales.
Me sorprende que a estas alturas de partido a la gente le preocupe más el terrorismo de ETA que el terrorismo doméstico. ¿De verdad es menos preocupante que vayamos a muerta por semana a que muera un militante de un partido político? Debe ser por mi condición de mujer que me espanta; y no es ni mucho menos por restarle importancia a la muerte de nadie, al contrario, es por dársela a quien una vez pasado su entierro, pasa a engrosar la lista de anónimas que han muerto por rebelarse a su condición de "objeto propiedad" de un hombre.
Nos queda un largo camino por delante. Yo no sé si la ley es o no suficiente, pero lo sea o no, lo que está claro es que no se cumple. Las penas no solo deberían ser más duras, sino que deberían cumplirse integramente. No tengo claro en absoluto que aquellos que ejercen la violencia de género y cometen delitos contra la libertad sexual de otr@s individuos sean capaces de reintegrarse. Me cuesta creerlo a tenor de lo que vemos cada día en la prensa.
No sé de quién tiene que ser el esfuerzo, pero me temo que lo es de la administración. Exigirle a una mujer amenazada que denuncie es muy fácil si no se está en esa situación, pero debe ser muy complicado que te convenzan cuando el paso siguiente en muchos casos, es que la ayuda llega tarde, mal y a veces nunca por mucho que te desgañites en una comisaría.
Si a eso le sumamos mi (comparado con todo ésto, pueril) dolor de cabeza ayer durante todo el día (y no, no fue resaca).... pues el balance no ha sido tremendamente positivo.
Pero tengo que destacar dos cosas: nos hemos juntado casi todos los hermanos después de bastante (para los que no me conocéis, una de ellos vive fuera de España, y el otro viaja más que Don Pimpón), y el sábado por la tarde, Tomás (Tomás es un coleguita) inauguró nuestros "Fines de Semana de Autor", con gran éxito de crítica y público. Eres un cabrón, nos lo has puesto muy difícil.... fue una búsqueda del tesoro en el Retiro muy divertida. Todos nos lo pasamos muy bien. Ah, también tengo que añadir a la parte positiva, las magdalenas caseras que preparé el viernes. Estaban cojonudas.
Por otro lado, me hubiera gustado ir ayer a la conmemoración del 14 de abril en Rivas, pero me levanté fatal. Debo tener una tonelada de mocos al fondo de la nariz que me despresurizan (o presurizan, no lo tengo claro) los oídos y que me hacen sentir como si estuviera en la estratosfera constantemente; creo que mis mocos primaverales este año han decidido quedarse tranquilitos dentro de mi calavera. Pero yo les pido encarecidamente que salgan. Que prefiero tener complejo de grifo mal cerrado que dolores de cabeza estúpidos.
Así que nada, que feliz 14 de abril. Tal vez dentro de no mucho, destituiremos la figura de rey. Estaría bien. Va siendo hora de acabar con anacronismos sociales.
lunes 7 de abril de 2008
Argelino, servidor de dos amos
El sábado estuve en Getafe, en el García Lorca, viendo "Argelino, servidor de dos amos". Más allá de las soflamas incendiarias, a veces metidas con calzador en el texto, tengo que decir que me encantó. Una adaptación al siglo XXI, donde Arlequín es un argelino llegado en patera, cuyo gran pecado es.... estar muerto de hambre. Todos están inmensos en el escenario. Todos, pero especial mención para la brutal interpretación de Javier Gutiérrez. Me maravilla que alguien tan pequeño, llene de esa manera un escenario. Y otra mención especial, a Daniel Moreno, que aunque probablemente no lea nunca este blog, quiero que quede constancia por escrito, de que me sentí fatal cuando después de terminar la obra, y llevar un buen rato de cañas, mi prima Toya y yo caímos en la cuenta de quién era. Bueno en realidad, más ella que yo, yo solo corroboré el dato infalible que ella me dió. Daniel, te conocemos porque eres amigo de Kiko, Kikomargo, y te hemos visto por Lavapiés con tu bici, y yo diría que incluso he cenado en tu casa (aunque ésto último no puedo jurarlo). Las dos palurdas, nos pasamos la obra tratando de ubicarte, pero no hubo manera, y cuando saludábais al público, y nosotras aplaudíamos entusiasmads, tú empezaste a saludarnos mirándonos a los ojos, y a guiñarnos, incluso nos tiraste un par de besos, cosa que a mi me descolocó, pero bueno, yo que sé, pensé que nos confundías.... pero no, es que tenemos un despiste extraordinario y una memoria de boquerón, que para que te cuento.... Desde aquí mis disculpas y un beso grande, guapo.
Volviendo a la obra, creo que refleja a veces de un modo muy cómico y otras de un modo muy cruel, qué le ocurre a la gente que tiene que abandonar su tierra, su familia, sus amigos, sus cosas, para ir a un lugar hostil en el que poder sobrevivir y hacer que los suyos sobrevivan. La rumana que se ofrece para cualquier tipo de trabajo, por horas, interna, limpiando, planchando, cocinando, cuidando niños, enfermos o ancianos, y sonriendo a los desplantes del amo; la sudamericana que por no perder su trabajo o su residencia, se ve tentada a cambiar el amor por la prostitución (la hay de muchas clases, no solo trabajar en una esquina o un club de alterne), y finalmente claudica, se deja llevar, y se casa con el amo; o el argelino, que se desvive por atender las peticiones de quienes le pegan, humillan y maltratan, solo por conseguir un plato de comida, o sea, por atender a sus dos amos. Toda una paradoja: trabajar para dos personas, pensando en comer el doble, y lo que recibe es doble ración de desprecio.
Creo que es ese tipo de obras (como no hay que leer llegan más fácil a los demás), que todo el mundo debería ver alguna vez. Tal vez así, cuando veamos a nuestro vecino que habla raro, come extraño o reza distinto, nos morderemos la lengua antes de criticar su presencia. Nadie se va de su tierra porque si. No somos nómadas, somos sedentarios; y movernos por algo que no sean vacaciones, nos fastidia enormemente. Pero eso nos pasa a todos. Que levante la mano el que abandone su casa, su familia, sus amigos, por ir libremente a un sitio dónde no hablas el idioma, te cuesta comunicarte, las costumbres son distintas, curras como un cabrón por una miseria, las opciones de protesta son cero, y encima te critican. Libremente tomas la opción, pero presionado por las circustancias. Y ese no es mi concepto de libertad. Todos el mundo tiene el mismo e inalienable derecho de evolucionar. Aquí o donde sea. Y si alguien elige moverse, y en este caso de manera drástica, deberíamos preguntarnos como primer mundo, si no somos un poquito responsables de las circustancias ante las cuales los argelinos vienen "libremente". O los chinos, o los rumanos.
Toda esta chapa, como concepto. Se puede matizar, pero la esencia es esa.
Volviendo a la obra, creo que refleja a veces de un modo muy cómico y otras de un modo muy cruel, qué le ocurre a la gente que tiene que abandonar su tierra, su familia, sus amigos, sus cosas, para ir a un lugar hostil en el que poder sobrevivir y hacer que los suyos sobrevivan. La rumana que se ofrece para cualquier tipo de trabajo, por horas, interna, limpiando, planchando, cocinando, cuidando niños, enfermos o ancianos, y sonriendo a los desplantes del amo; la sudamericana que por no perder su trabajo o su residencia, se ve tentada a cambiar el amor por la prostitución (la hay de muchas clases, no solo trabajar en una esquina o un club de alterne), y finalmente claudica, se deja llevar, y se casa con el amo; o el argelino, que se desvive por atender las peticiones de quienes le pegan, humillan y maltratan, solo por conseguir un plato de comida, o sea, por atender a sus dos amos. Toda una paradoja: trabajar para dos personas, pensando en comer el doble, y lo que recibe es doble ración de desprecio.
Creo que es ese tipo de obras (como no hay que leer llegan más fácil a los demás), que todo el mundo debería ver alguna vez. Tal vez así, cuando veamos a nuestro vecino que habla raro, come extraño o reza distinto, nos morderemos la lengua antes de criticar su presencia. Nadie se va de su tierra porque si. No somos nómadas, somos sedentarios; y movernos por algo que no sean vacaciones, nos fastidia enormemente. Pero eso nos pasa a todos. Que levante la mano el que abandone su casa, su familia, sus amigos, por ir libremente a un sitio dónde no hablas el idioma, te cuesta comunicarte, las costumbres son distintas, curras como un cabrón por una miseria, las opciones de protesta son cero, y encima te critican. Libremente tomas la opción, pero presionado por las circustancias. Y ese no es mi concepto de libertad. Todos el mundo tiene el mismo e inalienable derecho de evolucionar. Aquí o donde sea. Y si alguien elige moverse, y en este caso de manera drástica, deberíamos preguntarnos como primer mundo, si no somos un poquito responsables de las circustancias ante las cuales los argelinos vienen "libremente". O los chinos, o los rumanos.
Toda esta chapa, como concepto. Se puede matizar, pero la esencia es esa.
viernes 4 de abril de 2008
La Manteca Colorá
¿Y por qué La Manteca Colorá?
Os preguntaréis vosotros... pues porque había elegido Manteca Colorá a secas, pero alguien se me ha adelantado.
¿Y por qué crear un blog, que además se llama así?
Bueno, pues porque Cesarín, responsable directo de mi nombre "Pelúa", ayer se puso muy pesadito por la noche y me convenció de que lo hiciera, mientras él se ponía jincho de chocolate en la cocina de su casa, y yo decidía en el sofá de la mía, si me ponía el DVD de "Serpico", o veía los extras de "Cronos". La tarifa plana, es lo que tiene, que te abandonas a la conversación y pierdes la noción del tiempo.
No, en serio, eso ha sido circustancial. Lleva mucho tiempo animándome (él), pero por circustancias que no vienen al caso, pues no ha sido el momento. Y no sé si ya ha llegado, pero vamos a hacer que nos lo creemos, y empiezo a hacer algo que no tenga que ver con mi vida laboral.
¿Y lo del nombre?
En parte es un poco homenaje a mi abueli, fan hasta la muerte del tocino del jamón, y porque llevo muy dentro el sur. Mi padre es de Burgos, y mi madre de Córdoba. Y yo fuí como otros muchos miles, la primera generación de madrileños "no gatos". La cuestión, es que mi padre, que es un señor muy de Burgos, pues es un poco serio, no habla mucho, y tanta parquedad.... pues no va conmigo. Siempre he vivido mucho más el sur en todos los sentidos (geográfica, social e ideológicamente). Córdoba es uno de esos lugares en el mundo que no me canso de visitar. Y el Valle de Los Pedroches, es una de las denominaciones de origen de cerdos ibéricos más importantes. Así que os podéis imaginar como está una tostada de manteca colorá. Y como te la zampes frente al mar en cualquier playa de Cádiz.... pues para qué queremos más....
Pero no solo es eso. Es también porque me marca un poco el camino. Las etiquetas ideológicas pueden ser muy peligrosas, pero están ahí.
Me hace gracia cuando la gente dice "no, yo es que paso de política", "los políticos no me gustan"; no nos engañemos: hacemos política con nuestros actos y actitudes. Hacemos política cuando opinamos sobre el precio de los tomates o el botellón.
Pero lo mejor de todo, es que no es malo. Es natural. Y gratis. Somos animales pensantes (bueno, vale, unos más que otros) con dudas, contradicciones y ganas de avanzar. Hasta aquí el común denominador. La gran diferencia es el camino que tomamos para llegar.
Este blog no pretende ser en realidad un lugar de análisis político o de actualidad.
A veces me apetecerá hablar de política, otras de música, otras de arte, y otras de lo jodidamente buenas que me han salido las croquetas de la cena.
Ni siquiera escribiré todos los días (si me lo marco como obligación, se acabó).
Pero escribiré.
Os preguntaréis vosotros... pues porque había elegido Manteca Colorá a secas, pero alguien se me ha adelantado.
¿Y por qué crear un blog, que además se llama así?
Bueno, pues porque Cesarín, responsable directo de mi nombre "Pelúa", ayer se puso muy pesadito por la noche y me convenció de que lo hiciera, mientras él se ponía jincho de chocolate en la cocina de su casa, y yo decidía en el sofá de la mía, si me ponía el DVD de "Serpico", o veía los extras de "Cronos". La tarifa plana, es lo que tiene, que te abandonas a la conversación y pierdes la noción del tiempo.
No, en serio, eso ha sido circustancial. Lleva mucho tiempo animándome (él), pero por circustancias que no vienen al caso, pues no ha sido el momento. Y no sé si ya ha llegado, pero vamos a hacer que nos lo creemos, y empiezo a hacer algo que no tenga que ver con mi vida laboral.
¿Y lo del nombre?
En parte es un poco homenaje a mi abueli, fan hasta la muerte del tocino del jamón, y porque llevo muy dentro el sur. Mi padre es de Burgos, y mi madre de Córdoba. Y yo fuí como otros muchos miles, la primera generación de madrileños "no gatos". La cuestión, es que mi padre, que es un señor muy de Burgos, pues es un poco serio, no habla mucho, y tanta parquedad.... pues no va conmigo. Siempre he vivido mucho más el sur en todos los sentidos (geográfica, social e ideológicamente). Córdoba es uno de esos lugares en el mundo que no me canso de visitar. Y el Valle de Los Pedroches, es una de las denominaciones de origen de cerdos ibéricos más importantes. Así que os podéis imaginar como está una tostada de manteca colorá. Y como te la zampes frente al mar en cualquier playa de Cádiz.... pues para qué queremos más....
Pero no solo es eso. Es también porque me marca un poco el camino. Las etiquetas ideológicas pueden ser muy peligrosas, pero están ahí.
Me hace gracia cuando la gente dice "no, yo es que paso de política", "los políticos no me gustan"; no nos engañemos: hacemos política con nuestros actos y actitudes. Hacemos política cuando opinamos sobre el precio de los tomates o el botellón.
Pero lo mejor de todo, es que no es malo. Es natural. Y gratis. Somos animales pensantes (bueno, vale, unos más que otros) con dudas, contradicciones y ganas de avanzar. Hasta aquí el común denominador. La gran diferencia es el camino que tomamos para llegar.
Este blog no pretende ser en realidad un lugar de análisis político o de actualidad.
A veces me apetecerá hablar de política, otras de música, otras de arte, y otras de lo jodidamente buenas que me han salido las croquetas de la cena.
Ni siquiera escribiré todos los días (si me lo marco como obligación, se acabó).
Pero escribiré.
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